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lunes, 26 de septiembre de 2022

LA DIFÍCIL VUELTA AL TRABAJO

©careeraddict.com

Este mes de septiembre he podido hablar con algunas personas a las que les ha resultado difícil la vuelta al trabajo. Tras un mes de vacaciones (“que nos hacía mucha falta, no veas después de la pandemia las ganas que teníamos de un viaje sin restricciones y a todo tren como el que hemos hecho…”) y, en algún caso puntual, sumado a los quince días por haberse casado, la rentrée ha sido dura para algunos/algunas profesionales que empiezan a dudar del valor de la gran entrega que realizan cada día, semana a semana y mes a mes a las empresas y proyectos en que trabajan.

En numerosos blogs pueden encontrar tips o consejos para minimizar la angustia de volver al trabajo tras unas reconfortantes vacaciones (por ejemplo en careeraddict.com) Pero no se trata de esto, al menos no antes de respondernos preguntas esenciales como ¿Para qué trabajamos? ¿Cuáles son las motivaciones que tenemos para hacerlo? ¿Cuáles las recompensas que esperamos a cambio? Lo desarrollaba en mi post anterior y no voy a insistir en ello, si acaso complementarlo con dos reflexiones:

Primera reflexión: Todo depende de mí. De mis deseos, expectativas y objetivos.

Si en última instancia el ser humano hace todo lo que hace para sentirse bien (llego a esta conclusión tras someter a preguntas poderosas a quienes han compartido conmigo la queja de su vuelta al trabajo este septiembre), cuando no consigue este resultado, ‘sentirme bien’, tiene dos opciones: culpar a su entorno del fracaso de no conseguir este último objetivo (la empresa, mis jefes/as, la sociedad, el consumismo, etc.) o cuestionarse todo lo que hace para entender qué y por qué no le funciona.

La primera considero que no es opción pues si pones el foco de lo que te pasa en los otros no podrás hacer que cambie según tus intereses si no cambian los otros, lo que difícilmente está en tu mano. En cambio, la segunda opción es más fácil de que te funcione. Recuerda la frase atribuida a Proust: “aunque nada cambie, si yo cambio todo cambia”. Así que, si quieres que cambien tus resultados, revisa aquello que deseas, modifica tus expectativas o rediseña tus estrategias para conseguir lo que aún no has conseguido. Aunque esto ya te lo habían dicho, ¿verdad?, así que vayamos a la …

Segunda reflexión: Más allá de deseos y expectativas, averigua que necesitas.

En una conversación tras otra de las que he tenido al respecto de lo que escribo aquí, he sido insistente en preguntar sobre aquello que las personas quieren (en coaching la pregunta más poderosa es “ante tal situación, ¿tú que quieres?”) y, en varios casos me han dicho “es que no sé bien lo que quiero, cuando sepa lo que necesito podré reclamarlo”.

Querer y necesitar son dos conceptos diferentes y se pueden utilizar en diferentes situaciones y etapas. No es lo mismo lo que quiero estando solo/a con 25 años o con 40 o con diferentes edades en pareja o con familia … estudiando o trabajando, creando o cumpliendo trámites, etc.

Aún así, en marketing aprendimos la diferencia entre ‘necesidades y deseos’ aunque la definición era y es bastante perversa: «Las necesidades se refieren a elementos sin los cuales no es posible la supervivencia o la calidad de vida, mientras que los deseos hacen referencia a cosas que queremos tener o alcanzar para sentirnos mejor. Los deseos no son esenciales para la vida, pero sí hacen más felices a aquellos que los cumplen»

©fundamentosdelmarketing.ar

Aquí está lo perverso del tema: ¿la felicidad necesita de un paso más allá de disponer de aquello que necesito? ¿he de pedir un crédito para pagarme un Mac (deseo) pudiendo interconectarme con el mundo (necesidad) con un portátil de -pongamos- 600 €? Seguramente no, y sí podremos ser felices re-definiendo nuestras necesidades y no cediendo al marketing de los deseos. Y en nuestra cabeza, condicionada por el entorno en que vivimos, por todo el ruido de los medios y corporaciones, consumismo y dependencia se debaten en un conflicto que hemos de solucionar para así poder decidir los cambios y las estrategias inherentes a éstos para poder librarnos de la angustia de volver con dudas existenciales a un trabajo que, en sus formas y exigencias, tal vez no necesitemos.

En mi próximo post hablaré sobre el ‘quiet quitting’ o ‘renuncia tranquila’ como posible salida para aquellos/as que quieren reinterpretar lo que desean orientándolo hacia lo que en realidad necesitan. Pero eso será en unos días. Hasta entonces y para quien aún lamenta no estar aún de vacaciones, que piense en una frase del maestro Oriol Pujol Brutau: “Lo que resistes persiste, lo que aceptas se transforma”. Aceptemos de momento lo que nos ha tocado hacer mientras no seamos capaces de hacer otra cosa mejor. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

AMOR-ODIO, TÚ ELIGES COMO QUIERES SENTIRTE

NUESTRO BIENESTAR ES PRODUCTO DE AQUELLO QUE SENTIMOS

A estas alturas, con todo lo que hemos vivido y sabemos, podemos entender que nuestro bienestar depende de la forma en que gestionamos nuestras emociones, ¿cierto?. Si algo nos causa tristeza, miedo, ira, asco, sorpresa o felicidad (las seis emociones básicas según Paul Ekman) nos generará una actitud ante las cosas que debemos hacer y, por tanto, haciendo una cosa u otra, obtendremos un resultado u otro en función a como hemos gestionado o no  nuestras emociones. Hasta aquí, entendible. Pero ¿qué pasa cuando son las emociones de nuestro entorno las que condicionan nuestra actitud, nuestros actos y por tanto nuestros resultados? Veamos …En estos días (octubre/noviembre de 2017) los hechos de la política nos han superado. Nuestras emociones se han disparado y en el colectivo al que creemos pertenecer (necesidad de pertenencia, según Abraham Maslow), nos hemos arropado en la fría noche y ondeado la bandera en el día cálido. Lo importante es, al parecer, no pensar por nosotros mismos, no encontrarnos con nuestras propias emociones de frente y no ahondar en ellas para comprender su origen o justificar su exceso. Sí, «el corazón tiene razones que la razón no entiende». Por eso, no nos ponemos a trabajar mucho en nosotros, es más fácil dejarse llevar y unirse a una de las dos corrientes existentes: amar lo que nos es cercano y propio y/o odiar aquello que -entendamos o no- nos es ajeno.

La gestión positiva de tus emociones como hábito de pro-actividad hacia buenos resultados y bienestar

Aquellos que aman (sus creencias, sus ideas, su proyecto, …), llenan de energía positiva sus actos. Su actitud es la de explicar y querer contagiar de su ilusión a los demás, al mundo entero. Sus acciones son las propias de personas pro-activas (primer hábito de la gente altamente efectiva de Stephen R. Covey) y centran sus esfuerzos en el círculo de influencia, se ocupan no se preocupan. Se dedican a las cosas con respecto a las cuales pueden hacer algo. Su energía es positiva, se amplía y aumenta, lo cual conduce a la ampliación de su círculo de influencia y, por tanto, hacen más cosas y mejores y así obtienen mejores resultados. Esto les produce bienestar, pues su foco está en lo que consiguen hacer con sus vidas y no en lo que no alcanzan (ya lo harán si les conviene)

La gestión negativa de tus emociones como impedimento a la creación de buenos resultados (y por tanto, malestar)

Por otra parte, las personas que odian, suelen ser reactivas, centran sus esfuerzos en el círculo de preocupación. Su foco se sitúa en los defectos de otras personas, en los problemas del medio y en circunstancias sobre las que no tienen ningún control. De ello resultan sentimientos de culpa y de impotencia (malestar). La energía negativa generada por ese foco, combinada con la desatención de las áreas en las que se puede hacer algo, determina que su círculo de influencia se encoja. El resultado es que no se sienten bien, que cada vez se sienten peor y que no obtienen aquel bienestar de cuya ausencia culpan a los demás.

Oriol Pujol Borotau 


Si extrapolamos este planteamiento a la situación socio-política actual, puede que el enfoque de amar aquello que defendemos (pro-actividad) y no odiar a aquello que despreciamos (reactividad) nos ayude a centrarnos en nuestro círculo de influencia, a adoptar una actitud positiva y esforzarnos por mejorar las cosas que están bajo nuestro control. Así, aceptando que no todos pensamos lo mismo y que mi actitud se centra en reforzar con buenas palabras mis ideas y creencias y no insultar, no despreciar y no mentir sobre aquello que creen los otros, pueda construirme un espacio personal de bienestar al margen del espíritu feroz del colectivo que ya no me arropa ni ondea su bandera en mis tardes de domingo (cuando esto escribo)

¿Quieres mejorar tus sensación de bienestar? Elige amar en lugar de odiar, elige ocuparte y no preocuparte. Cuando trabajamos en nuestro círculo de preocupación  en lugar del de ‘ocupación’ o influencia, otorgamos a cosas que están en su interior el poder de controlarnos. No estamos tomando la iniciativa pro-activa necesaria para efectuar el cambio positivo. 


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